Buenos días a todos. Es para mí un honor estar aquí hoy, conmemorando los 156 años del natalicio de un hombre que transformó el mundo con algo tan aparentemente sencillo, pero tan poderoso: la paz.
Mi nombre es Valeria Cannavo, actual Miss Venezuela World, y hace apenas unos meses representé a nuestro hermoso país en el Miss World, realizado en Hyderabad, India. Una experiencia que, sin duda, me cambió la vida.
Hoy, mientras honramos el legado de Mahatma Gandhi, quiero hablarles desde mi corazón. No solo como una reina de belleza, sino como una mujer sensible al mundo que me rodea y comprometida con dejar una huella en él.
La India me recibió con los brazos abiertos. Su gente, tan amable y generosa, me enseñó algo que va más allá de la competencia: me enseñaron sobre la espiritualidad que se respira en su día a día, sobre el respeto por la naturaleza, por la cultura, por los símbolos y las raíces que los definen.
Usé un saree en varias ocasiones, y cada vez que lo hacía, sentía que vestía historia, tradición y belleza al mismo tiempo. Pero lo más valioso fue el cariño de su gente, su manera de ver la vida y la emoción con la que nos invitaron a abrazar y conocer su cultura.
Y es imposible estar en India sin sentir la presencia de Gandhi. No como una estatua más, ni como una página de historia, sino como un susurro constante en el alma del país. Durante mi estadía en la India, tuve oportunidad de visitar lugares emblemáticos como el Chowmahalla Palace, el Charminar de Hyderabad, el Laad Bazar y el Thousand Pillar Temple, en donde la historia y la cultura se unían de una manera única y donde siempre resaltaba algo muy importante: la conexión humana.
Desde hace algún tiempo he tenido el privilegio de colaborar con el Centro Gandhi en Venezuela, una institución maravillosa que lleva los principios gandhianos a todos los sectores de la sociedad, para impulsar la Convivencia Pacífica y la Noviolencia como pilar fundamental de un estilo de vida. En este trabajo, he aprendido que desde niños hasta adultos mayores, a todos se les enseñan los cinco pilares de la convivencia: el respeto, la comprensión, la aceptación, la apreciación y la compasión.
Esta labor me ha reafirmado una de las grandes lecciones de Mahatma: la verdadera fuerza no está en la violencia, sino en la verdad. Como él nos recordó, no hace falta levantar la voz para tener razón, hace falta tener convicción.
Estos valores son esenciales, pues no hay paz mundial sin paz interior. Hoy, vivimos tiempos de enorme ruido donde la conexión física aumenta, pero el vínculo emocional se debilita. Las redes sociales, si bien nos conectan, a menudo nos alejan de nuestra propia realidad, nos invitan a compararnos con vidas que no son reales y nos distraen de nuestro verdadero potencial si no sabemos usarlas con conciencia.
Es por eso que como figura pública, siento una gran responsabilidad con mi voz. No quiero ser solo una imagen; quiero ser un mensaje. A través de mis redes sociales, quiero seguir inspirando a niños y jóvenes, sembrando valores, recordándoles que no están solos y que siempre pueden elegir el amor por encima del miedo. Todos estamos llamados a romper con lo que nos limita y a brillar desde nuestra verdad más profunda.
Como decía Gandhi: “La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía.” Eso es paz interior. Y esa paz no se encuentra afuera, se construye desde adentro. Con pequeños actos de bondad. Con compasión hacia nosotros mismos. Con autenticidad.
Y aunque estamos geográficamente lejos, India y Venezuela están más cerca de lo que parece. Ambas son tierras de contraste, de belleza natural, de riqueza cultural. Ambas conocen la lucha, la esperanza, la resiliencia. Ambas creen en el poder del alma. Y ambas comparten el carisma de su gente.
Hoy les digo que quiero conocer más, entender más y conectar más con este maravilloso país como lo es La India. No solo como visitante, sino como aprendiz. Porque cuando uno conoce otras culturas, también se descubre a uno mismo.
Y quiero también seguir trabajando en mi país Venezuela, llevando estos valores a cada rincón donde pueda llegar mi voz. Porque como decía Gandhi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo.” Y ese cambio empieza con uno mismo.
Gracias por permitirme ser parte de este momento. Honremos a Gandhi no solo con palabras, sino con acciones, con presencia, con amor. Que su legado no sea solo recordado, sino vivido, pues, citándolo una vez más:
“No hay un camino hacia la paz, la paz es el camino.”
Namasté.
Gracias.

